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CIR: Crecimiento Intrauterino Retardado

CIR: Crecimiento Intrauterino Retardado

El crecimiento del feto en el interior del útero depende de la placenta, que, en sí misma, es el resultado de la calidad de la implantación del óvulo al principio del embarazo. La implantación, también conocida como implantación embrionaria, ocurre cuando el óvulo fecundado se implanta en el óvulo.

En el 99,99 por ciento de los casos, la implantación se realiza en la cavidad uterina y, más concretamente, en el revestimiento del útero. En caso de que la implantación sea demasiado superficial, las conexiones del óvulo no podrán adaptarse a las necesidades del feto durante las últimas semanas previas al parto. Por lo que, como señalan los expertos, en realidad el retraso del crecimiento en el útero se origina verdaderamente desde los primeros días del embarazo.

¿Cuándo y cómo es posible detectar el retraso del crecimiento en el útero?

A menudo el médico sospecha de la presencia de un crecimiento intrauterino retardado durante el examen clínico al medir la altura del útero (se trata de una práctica que se lleva a cabo desde el cuarto mes de embarazo hasta el final de la gestación).

Aunque la confirmación únicamente puede provenir de una ecografía. La ecografía del tercer trimestre, por ejemplo, está especialmente destinada a realizar dicho cribado, dado que el especialista compara el diámetro y el perímetro de la cabeza, pero también la circunferencia de la cintura y la longitud del fémur, con los valores registrados durante la ecografía del segundo trimestre. 

Con estos datos, el médico establece una curva de crecimiento. Por lo que, en caso de que se observe una ruptura clara de esta curva, es posible la confirmación de un retraso del crecimiento en el útero. 

¿Cuáles son las causas del crecimiento intrauterino retardado?

En realidad, hay muchas causas. Desde anomalías en el correcto funcionamiento de la placenta hasta anomalías cromosómicas, pasando por enfermedades virales o el consumo habitual de tabaco o alcohol por parte de la embarazada.

Determinadas enfermedades de la futura mamá, como la diabetes o patologías tanto cardiovasculares como metabólicas pueden influir, al igual que las alteraciones propias de la placenta, al dificultar que el bebé pueda recibir correctamente todos los nutrientes que la mamá ingiere.

Respecto a los problemas asociados con el feto, puede ser debido a consecuencia de malformaciones congénitas, anencefalia, determinadas infecciones (como rubéola o toxoplasmosis) o por alteraciones relacionadas con los cromosomas.

No obstante, en aproximadamente un tercio de los casos no es posible identificar el motivo. De ahí que pueda ser necesario llevar a cabo una valoración completa mediante una amniocentesis.

¿Cuáles son las repercusiones para el bebé? ¿Se puede tratar?

Todo dependerá de la causa. El crecimiento intrauterino retardado a consecuencia de algún problema con la placenta puede afectar al suministro normal de oxígeno a la placenta, afectando el funcionamiento de los órganos vitales, sobre todo al final del embarazo. Debido a ello, el bebé sufre y puede correr el riesgo de morir en el interior del útero de la mamá.

Para evitarlo, especialmente cuando existe sufrimiento fetal, lo más probable es que los especialistas analicen la maduración pulmonar del bebé, decidiendo si es necesario inducir un parto prematuro o realizar una cesárea.

Los bebés que nacen con retraso en el crecimiento, por lo general, tienden a tener un peso mucho más bajo (hipotróficos), motivo por el cual son más frágiles. Entre 2 kg y 2,5 kg los riesgos de complicaciones son bajos. Pero, por debajo de 2 kg, es necesario un control cuidadoso para evitar hipoglucemia, deshidratación o infección.

¿Es posible prevenirlo?

Además de dejar de fumar en los casos relacionados con el tabaquismo, y dejar de tomar alcohol, lamentablemente no existe una prevención posible, especialmente en aquellas situaciones en las que las causas no dependen directamente de la mamá.

En caso de que sí dependa de ella es conveniente que cambie de hábitos, para que el resto de la gestación se desarrolle con normalidad y, finalmente, el bebé pueda coger el peso adecuado. Por ejemplo, el control de la diabetes o cualquier otra patología cardiovascular o metabólica es fundamental.

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